Comercio exterior en tiempos de COVID-19: ¿Cómo afecta al sector alimentario?

Comercio exterior en tiempos de COVID-19: ¿Cómo afecta al sector alimentario?

Desde SABERDIZ creemos que el comercio exterior en un sector como el alimentario es fundamental. En el siguiente artículo, resumimos en qué posición se encuentra el sector alimentario debido a la crisis sanitaria a nivel global que se está viviendo.

Los responsables políticos están lidiando con las incertidumbres que rodean las repercusiones de la COVID-19 en la oferta, la demanda y el comercio de alimentos, e identificando las medidas más adecuadas para garantizar que esta pandemia no se traduzca en una crisis alimentaria. De hecho, los brotes de enfermedades pueden afectar a la oferta y la demanda a través de varios canales. Pueden provocar una reducción de la mano de obra (incluidos los trabajadores estacionales y migrantes), afectando a la preparación de la tierra, la siembra, el mantenimiento de los cultivos y la cosecha (Gunjal y Senahoun, 2016); y también afectan al empleo en las industrias que requieren mucha mano de obra y contribuyen a cambiar la producción de los cultivos comerciales a los alimentarios (FAO y ONUSIDA, 2003) y repercuten en los ingresos de los hogares y la seguridad alimentaria (Naciones Unidas, 2004). Las respuestas políticas para hacer frente a estas perturbaciones pueden agravar las situaciones y exacerbar sus efectos en el mercado, como ocurrió en la crisis mundial de los precios de los alimentos de 2007-2008.

Aunque la magnitud de la pandemia del COVID-19 no se parece a ninguna otra crisis de la historia reciente, las respuestas políticas de que disponen los gobiernos para hacer frente a las perturbaciones reales o percibidas en los mercados agroalimentarios son similares a las adoptadas durante crisis anteriores. Entre ellas se encuentran la crisis de los precios de los alimentos de 2007-08 y las epidemias de ébola (África Occidental, 2014), el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) (Asia Oriental, 2003), el VIH/SIDA (África, años 90 y 2000), la peste (Asia Meridional, 1994) y el cólera (América Latina, 1991). A partir de estas experiencias, esta nota extrae lecciones y examina diferentes medidas políticas, con el objetivo de apoyar la toma de decisiones políticas informadas en esta difícil época de COVID-19. Cabe señalar que, si bien el documento no identifica el espacio político disponible para los gobiernos en virtud de los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), cualquier decisión política adoptada por los gobiernos debe ser compatible con las normas comerciales internacionales y los compromisos del país.

 

MEJORES PRÁCTICAS PARA CUMPLIR CON LOS OBJETIVOS DE LA POLÍTICA ACTUAL

1.Garantizar un suministro suficiente de alimentos a nivel nacional:

Evitar las restricciones a la exportación, especialmente por parte de los principales países exportadores. La experiencia de 2007-2008 de restricciones a la exportación en cascada por parte de los principales exportadores de productos alimentarios (por ejemplo, India, China, Vietnam y Pakistán para el arroz; la Federación de Rusia, Ucrania y Argentina, para el trigo) ha demostrado que esta respuesta política puede desestabilizar los mercados internacionales (Sharma, 2011). A medida que los países seguían a los primeros, los movimientos al alza de los precios se amplificaban (contribuyendo en un 52% al aumento del precio del arroz y en un 18% al del trigo y el maíz) y la volatilidad del mercado se exacerbaba (Anderson, Ivanic y Martin, 2013). Esto resultó especialmente perjudicial para los países pobres que dependen de las importaciones y para los esfuerzos de las agencias humanitarias por conseguir suministros. Además, a medio y largo plazo, los precios más bajos y volátiles y el incierto entorno político desincentivaron a los productores a invertir en los países que impusieron restricciones a las exportaciones.

  1. Garantizar la seguridad de los suministros de alimentos:

Evitar las restricciones generales a la importación. La circulación transfronteriza de personas y mercancías puede aumentar los problemas de gestión de las enfermedades infecciosas (OMC y OMS, 2002). En el pasado, los países gestionaron el control de los brotes aplicando restricciones al comercio y a los viajes (por ejemplo, prohibiendo las importaciones de Perú durante el brote de cólera de 1991 (OMS, 2020), de la India durante el brote de peste de 1994 (Brahmbhatt y Dutta, 2008), y de Guinea durante el brote de ébola de 2014 (FAO, 2016). Si bien, en casos excepcionales, estas medidas podrían ser necesarias para proteger la salud humana, animal o vegetal, deberían ser limitadas en el tiempo y tratar de minimizar la interrupción del comercio internacional y garantizar la disponibilidad y el acceso a los alimentos (OMC y OMS, 2002). Para evitar interrupciones en las cadenas de suministro de alimentos, se deben establecer corredores de comercio y viajes seguros según la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con incentivos para la cadena de mercado, garantías y mensajes tranquilizadores para todos los actores de la cadena de mercado (FAO, 2016).

  1. Promover la producción nacional y/o proteger los ingresos de los agricultores:

Garantizar un diseño cuidadoso de los programas que proporcionan redes de seguridad productiva (por ejemplo, vales/subsidios de insumos, precios mínimos de apoyo, alivio de la deuda, etc.). Tras los brotes de enfermedades, podrían utilizarse medidas de apoyo interno para mantener niveles adecuados de producción nacional y de ingresos de los agricultores para apoyar la economía y garantizar la seguridad alimentaria (FAO, 2016). En 2007-08, muchos países utilizaron una combinación de instrumentos de política (por ejemplo, precios de compra más altos; subsidios al combustible, la electricidad, el riego y los fertilizantes) y mejores servicios financieros para apoyar la producción y los ingresos (Demeke, Maetz y Pangrazio, 2009). Estas medidas deben estar limitadas en el tiempo y ser apropiadas para la perturbación específica en un contexto determinado. Si bien pueden impulsar la producción nacional, los importantes recursos y capacidades de aplicación que se requieren suscitan dudas sobre su sostenibilidad y eficacia, así como sobre el comercio internacional. Los países deben diseñar este tipo de políticas de forma que no afecten a los mercados internacionales y, en cambio, deben tratar de promover el comercio interregional. Si bien la compra de productos producidos localmente ayuda a reducir la distancia física, no debería interrumpir los flujos comerciales.

  1. Contener el aumento de los precios al consumidor:

Reducir los aranceles y los impuestos sobre los alimentos importados, pero evitar el almacenamiento de alimentos importados, especialmente cuando las existencias mundiales son elevadas. En 2007-08, muchos países redujeron o eliminaron los aranceles (por ejemplo, India, Indonesia, Marruecos, Nigeria y Burkina Faso) y los impuestos sobre los alimentos importados (por ejemplo, Brasil, Mongolia, el Congo, Madagascar, Kenia y Etiopía) (Demeke, Maetz y Pangrazio, 2009). Esto puede ser eficaz para aumentar la disponibilidad de alimentos en el país, reducir los precios al consumidor a corto plazo y contener la inflación, especialmente en los casos de devaluación de la moneda. Sin embargo, si los países acumulan grandes volúmenes de alimentos importados, puede ser una estrategia contraproducente. Si varios países adoptan la política simultáneamente, y en particular cuando son grandes importadores, puede crear una mayor demanda mundial y exacerbar el aumento inicial de los precios mundiales que desencadenó la respuesta política en primer lugar (Demeke, Maetz y Pangrazio, 2009).